

Con fecha 29 de julio de 2015, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud ha acordado vacunar de la varicela en la edad pediátrica temprana, introduciéndola en su calendario a partir del 1 de diciembre de 2015. Se pretende poner una primera dosis entre los 12 y 15 meses y una segunda a los 3 ó 4 años de edad.
Una pauta parecida a ésta, pero con una sola dosis, ya estuvo presente en el calendario de vacunas de la Comunidad de Madrid pero fue suprimida, al unificarse a nivel nacional, que propugnaba la administración de una dosis de la vacuna de la varicela a los 12 años de edad, decisión no avalada epidemiológicamente e incluso sin contar con el respaldo de las asociaciones científicas, pues a esa edad la mayoría de los niños ya habrían contraído la enfermedad de modo natural y por lo tanto gran parte de ellos no se beneficiarían de la vacuna. Es por ello, por lo que nos congratulamos de la rectificación tomada.
La varicela es la manifestación clínica de la infección primaria por el virus varicela-zóster, mientras que su reactivación da lugar a infecciones por zóster. Sin vacuna, en España se producen unos 450.000 casos al año, generalmente en edades comprendidas entre los 2 y los 14 años de edad. El 95% de la población ha padecido esta enfermedad antes de los 40 años de vida.
Aunque en general es una enfermedad benigna puede tener consecuencias graves incluso producir la muerte en pacientes inmunocomprometidos. Al afectar a la mayoría de los niños, y dado que deben permanecer en su domicilio unos días, y que además un número no desdeñables de ellos, sufren ingresos hospitalarios, es por lo que se pierden muchas horas lectivas en el colegio y es causa de absentismo laboral de los padres o tutores, lo que se traduce pérdidas económicas importantes, por lo que la administración de esta vacuna supone un ahorro importante a la comunidad.
Su efectividad está fuera de toda duda pues las tasas de seroconversión son del 98% de los casos con la primera dosis y del 100% con la segunda. Es una vacuna segura sin efectos secundarios graves tanto en personas sanas con en inmunodeprimidas.
Finalmente y para concluir, nos permitimos hacer apología de la vacunación en general, puesto que su uso ha sido la mayor contribución en términos de salud de la ciencia médica a la humanidad. Aunque es cierto se han producido reacciones graves vacunales, la cantidad ingente de vidas salvadas hace que el riesgo-beneficio de su administración este fuera de toda duda. Por ello sorprende sobremanera que cada vez existan más grupos antivacunas. Ello no es comprensible en una sociedad avanzada como la nuestra, en la que el existe cada vez mayor volumen de información que puede ser contrastada científicamente y accesible a todos por la universalización de los medios de comunicación. Nuestra obligación como personal sanitario en dar argumentos científicos sólidos en relación con las bondades de la vacunación y contrarrestar la nefasta influencia de los grupos contrarios a las vacunas.